aún no sabemos que puede un esquizoanálisis / sergio ragonese


Fragmentos de “Los paranoanalistas (y otras preguntas-problema)” de Sergio Ragonese. Editorial Vagantes Fabulae

No hay esquizoanálisis puro (no podría haberlo) 


“El” esquizoanálisis es una obra abierta (no consiste en los cuatro libros del dúo ni en la treintena de libros de ambos juntos). Está abierta a aquellxs con quienes ellos pensaban y a aquellxs que piensen con ellos (con su gesto creador y/o sus criterios generales), aún hoy 

 

“Un” esquizoanálisis es algo que se hace (y no porque se lo quiera hacer a voluntad… o no necesariamente) 


En esquizoanálisis sólo se puede ser hereje (mejor dicho: devenir hereje) 


Ser o devenir hereje y/o rizomático no es un llamado al cualquierismo y al “todo vale” 


En todo esto, el rigor (la precisión) y la creatividad no se excluyen per se


En “el” rizoma no está todo conectado, sino que cualquier cosa es conectable con cualquier otra (por derecho… ¡no de hecho!); es distinto. 

Luego, de hecho, en situación, hay que ver. “Es el análisis de la situación el que señalará las prioridades” (F.G.) y también los riesgos.


Si lo que otrx hace con todo esto nos parece “cualquierista”, tampoco sería bueno asumir que de hecho lo es (la opinología sobre lo que hacen lxs colegas está a la orden del día en la red social de moda). Puede que nos refiramos a distintas situaciones-problema o a la misma desde distintos puntos de vista, o que directamente estemos en distintos campos práxicos, con sus otros criterios específicos. Esto se explica porque no hay identidad entre lo que hace un esquizoanálisis filosófico-centrado, en monografías o tesis, lo que hace un esquizoanálisis performático-artístico, un esquizoanálisis activista, y uno clínico; no digo que no haya conexiones, sólo digo que sus campos de intervención y sus situaciones-problema requieren criterios específicos. Caute. No da todo igual.


No hagamos de todo esto otra moral laica (como lo psi mayoritario) 


La psicología y la psicopatología viven y prosperan por su función social moralista (bien-mal, sano-patológico) y de estriamiento de mentes y conductas (taxonomías, clasificaciones, divisiones, tipologías, estructuras clínicas, etc), no por “ayudar a la gente”... ¿podemos cocinar algo bueno, algo interesante, con aquellas aguas podridas?, ¿estando nosotrxs podridxs? 


Si te parece que alguna corriente de psicoanálisis (pasada o actual) se salva de todas las críticas que hicieron D y G en todas sus obras: te estás haciendo lx boludx, o no estás ponderando algo 


Puedo confiar más en tal o cual psicoanalista puntual (en especial si es desviante) que en “El psicoanálisis”. Pero al contrario: “confío” más en “el” esquizoanálisis que en lxs auto-proclamadxs “esquizoanalistas”, en tanto que el anterior no está instituido en términos de administrar poder-saber ni cuenta con instituciones mayores (sólo con algunos barcos pirata, como dice A. Lans) y porque los últimos necesitan siempre aclarar lo paradójico, provocador, fragmentario, y/o lo seriamente cómico de tal auto-designación 


Cada vez que digo “el” esquizoanálisis, léase con una sonrisa (esa obra no es unificable-totalizable, el artículo en cuestión es anexacto) 


No hace falta decirse esquizoanalista para hacer esquizoanálisis 


“Contra aquellos que piensan “soy esto, soy aquello” (...) hay que pensar en términos de incertidumbre y de improbabilidad: no sé lo que soy, harían falta tantas investigaciones y tantos tanteos no narcisistas ni edípicos (...)” (G.D.) 


Ya se hacía esquizoanálisis desde antes de que exista esa palabra 


Ser queer es cuestión de auto-percepción y auto-nominación; no se puede decir con rigor que otrx lo sea, puesto que el término es definido por los colectivos en cuestión de modo de resistir a la identificación en un género, de resistir al reconocimiento y la clasificación social por parte de unx otrx. Sólo unx puede decir que es queer. Yo propongo para la cuestión de “ser esquizoanalista” o paranoanalista, y por sus implicancias, la lógica exactamente contraria: no depende de cómo te nomines, de cómo te percibas, o de lo que pienses (porque, de hecho, ni siquiera es algo que seas). Por eso siempre lx esquizoanalista es otrx (no unx), en función de estas o aquellas coordenadas específicas (evaluando cómo funciona de hecho lo que hace) y desde tal o cual punto de vista 


“Elucidar… pensar lo que se hace, saber lo que se piensa” (C. Castoriadis): eso, lo más que se pueda. Siempre. 


Las ideas-ideales dejémoslas para sacerdotes y otros moralistas 


Muchas veces, cuando critico un “se dice x” o “se entiende z” sobre D y G, estoy atacando ideas que me capturaron a mí y de las que quizás tardé demasiado en salir (pero cuidado: no me capturaron sólo a mí… y tampoco piensen que ahora estoy “a salvo”) 


Los consejos siempre tienen cierta dosis de moralina. No obedezcan ningún precepto del estilo pseudo-consejo “habría que…”; ni siquiera este 


Cuando entendemos que de hecho nada puede hacerse (que “no hay alternativa”), es que más conviene buscar (outside the box) qué puede hacerse 


Un esquizoanálisis no sirve para todo ni puede necesariamente con todo. 

Aun así, todavía no sabemos qué puede un esquizoanálisis  


Mejor desconfiar de los “nunca” o los “siempre” 


Mejor no confiar en los “principios”. Quizás con la excepción del anti-principio: “toda idea de principio debe ser considerada sospechosa” (F. G.)... pero cuidado: se trata de “sospechar” de manera situada, desconfiar de esto o aquello, no de un cómodo rechazo dogmático universal. Una desconfianza metodológica (¿esquizo-obsesiva?) e implicada, no una paranoica (con certeza de otra cosa) 


Si no se capta que “el” esquizonálisis es la muerte al dogma, quizás no se esté captando al esquizoanálisis 


Los conceptos no son los términos que dicen el concepto (ni el “significado” de esos términos); “el” esquizoanálisis de Guattareuze juega a menudo con usar los mismos términos como distintos conceptos (por esto, una lectura denotativa de su obra tropieza demasiado). Se requiere situar el agenciamiento específico en juego. 


Que coincidamos con tal o cual autorx en tal o cual frase (textual) o idea no implica que estemos diciendo o pensando lo mismo. Los enunciados se encajan en agenciamientos (y en planos de inmanencia pre-conceptuales), no en cadenas cortas de sucesión temporo-espacial, como el significante escrito o hablado. 


Para establecer acuerdos, no hace falta ya estar de acuerdo. 

Se pueden establecer acuerdos sin borrar el disenso previo, presente, o futuro. 


“Estamos hechos de líneas” pero estas no son la sustancia última de lo que somos ni de lo que es. Las líneas, así, no son entidades ónticas ni ontológicas (como sí son la máquina abstracta, el plano de inmanencia, el Caos, etc) sino primero y principalmente experimentales, metodológicas, y/o epistémicas, dependiendo de cómo se las encare. 

Entre lo que sentimos-percibimos-experimentamos y lo que es (lo que decimos/apostamos que es) suele haber distancia. El realismo que señala esto es anti-ingenuo. 


La reterritorialización no implica un regreso o un retorno, ni tampoco es siempre algo “malo” (en términos de lo que compone ético/etológicamente aquí o allá) 

Una reterritorialización no quita la potencia de la desterritorialización a la que “reacciona”, la cual conserva todo su valor relativamente independientemente (o distinto) de lo que suceda en términos de “territorios” viejos o nuevos. Una reterritorialización es una nueva producción, y quizás (eventualmente) la tarea sea señalar lo que no capturó o lo que no podría capturar 


Una buena nueva: nunca estamos a salvo. Ni aunque nos digamos esquizoanalistas.


El problema no es fundamentar lo que decimos (esto puede ser necesario e importante) sino creer que existen fundamentos en el sentido metafísico o ultra-físico (el neuro-biologicismo conservador actual, por ejemplo), que son modos necesariamente a-críticos, anti-pensantes; fundamentos últimos supuestamente válidos per se 


Primer conviene: conviene intentar des-confundir pasión y deseo / Segundo conviene: conviene desconfiar de nuestra comodidad / Tercer conviene: conviene sostener que (como postula Deleuze revisando a Kant) pensar no se confunde con otras facultades específicas como las de recordar, imaginar, concebir algo dado, “re-presentar”, repetir algo ya-pensado, juzgar valorativamente en funciones de criterios pre-establecidos, así como tampoco se confundiría con percibir y sentir, etc. Pensar tiene que ver con un ejercicio creador. Excede con creces al contenido de lo pensado. Es curioso que justo la psicología (que se dedica tanto a la psique y a lo que pensamos o nos piensa) haga un uso global e inespecífico del pensar, al punto que este parezca terminar incluyendo todo 


La moral no piensa. No puede ni permite hacerlo 


Lo sensible nos pide tener un lugar “central” aquí, pero no puede ser un lugar a-crítico y pro-acusatorio (un ejemplo simple: si yo me siento ofendido por fulano, no implica necesariamente que fulano me ofendió, se requiere ver todo el agenciamiento antes de concluir o conjeturar algo) 


Luchar contra la estúpidez nunca ha sido criticar a quien me parece estúpido por verle/escucharle algunos segundos (por ejemplo, en redes sociales). Ese accionar (no la otra persona) es hoy algo a atacar: haciendo algo distinto, promoviendo otras lógicas y otros modos. La oposición apresurada parece uno de los modos de subjetivación imperantes en el tecnocapitalismo o tecnofeudalismo actual, una pasión “de moda” histeroide (marca una supuesta falta en lx otrx) que se tienta sistemáticamente con “ideas inadecuadas” 


Mejor que el inconsciente: lo inconsciente. 

Mejor que el deseo: el desear. 


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