IMAGINAR UNA CONTRA-SALUD MENTAL / VIBRA BLOG
Medicadxs hasta la médula. Extasiadxs y perplejxs. Ahogadxs, abrumadxs, en una, colapsadxs. ¡No podemos mas!
Vivimos en una crisis generalizada de nuestros estados de ánimo. Nos toma un encierro trágico. Nos lleva al desespero cuándo no encontramos un límite o un veto. Todo depende de nuestra individualidad. Hasta vulnerabilizarse es mandato yoico. Huyen los que pueden, se salvan solxs. Poder parar se volvio un privilegio. El trabajo sobre adaptativo produce el sinsentido que reina y nos aplasta. Y la des-erotización de nuestra vida es el comienzo de una densa niebla. Los síntomas no pueden ser sólo leídos como efectos de nuestra propia biografía. Estamos viviendo una crisis en la salud mental. Pero frente a esta crisis no podemos responder ciegos con más salud mental, sin ningún tipo de pregunta.
El modo en que vivimos y entendemos nuestra salud mental es efecto de procesos históricos, culturales, afectivos, económicos. La cultura y la salud, son inseparables. El nacimiento de la de las clínicas, las terapéuticas, convergen juntas, híbridas con el nacimiento de nuestras vidas coloniales.
La salud hegemónica se convierte en el trabajo de sobreadaptación. Encajar en los guiones de lo que es una vida aceptada en un mundo aceptado. Maquinaria de equilibrio, superación, bienestar y estabilidad. La moral, brújula muda y las vidas normales pactan en silencio no hablar de lo insoportable.
Pensemos, si en determinado grupo, una persona grita demasiado o está muy en silencio, sufre mucho o demasiado poco, habla de modos extraños, ve lo que nadie ve, se erotiza con lo que no hay que erotizarse, tiene comportamientos o afectos inadecuados en relación a lo que se espera de ese grupo; entonces esa persona será diagnosticada, patologizada, señalada, separada. Ahí hay un problema individual de salud mental. Como si no hubiera nada para escuchar en esa diferencia brutal, efecto de estar con otrxs. Como si esos ruidos, signos, anomalías, no dijeran nada del grupo que habita, no fueran un saber de la vida que vive o del mundo que hay para vivir.
Para el modelo de salud médico y clínico hegemónico, tanto el síntoma como la enfermedad son considerados un exceso o una falta inadecuada. Desviación de un cuerpo medible, cuantificable, atrapable. Déficit mudo. Siempre a curar. Y no digo que no haya dolores, y padecimientos que no merecen el alivio. ¡Claro que sí! Quiero dirigir la atención hacia el imaginario de salud, que opera por escisión y división de opuestos. Adaptación vs inadaptación. Enfermedad vs cura, salud vs malestar, bien vs mal, normal vs anormal, vida vs muerte. La salud funciona despojándonos de los afectos-saberes que nos habitan. Rechazando la incómoda ambigüedad.
En lo que llamamos salud mental, ¿se cocinan las marcas de nuestra historia, de nuestras derrotas y opresiones, de nuestras denuncias y placeres, de nuestras rebeldías? Pero también ¿no habitan informaciones filogenéticas, moleculares: química, piel, sueños, cosmos?
La pregunta por la salud entonces es por los modos en los que producimos vida. Por nuestras formas de hacer mundo. Una pregunta existencial. No se suscribe a la mente o a lo psíquico en términos médicos. Ni puede reducirse bajo el signo de la cura y la enfermedad La salud amplía la vida en su dimensión múltiple. Ser y estar. Sentir y pensar. Modos de la poética.
Anteponer un contra a la salud es hacer un desvío del conjunto de hipótesis y premisas del sentido común, hegemónico. Para acercarse a un archivo que pertenezca más al mundo de la contracultura, que al sistema de la medicina. Una contra-salud como alternativa a la crisis en salud mental. Una alternativa que corra el eje del problema. Piense en los impensados. Haga vivir a los muertos.
Contra-salud: posibilidades de experimentación, creatividad e invención que tiene una vida particular para que sea vivible colectivamente. Una vida siempre irreductible al sujeto, a una sola mente, a un cuerpo, a la individualidad. Una vida singular, con otrxs, en común, con otras especies, otras formas de lo vivo. Territorios, paisajes, conexiones y composiciones.
Contra-salud: abre la pregunta y hace estallar las identidades disciplinares, difumina sus partes. Potencias, impotencias, fuerzas, intuiciones, deseos, angustias, placeres, padecimientos, sentimientos, síntomas; pero también hábitos, costumbres, cotidianidad, prácticas, formas de habitar, modos de afectarnos y dejarnos afectar.
Contra-salud: movimiento de reapropiación que excede la conciencia. Porque la reapropiación no es la colonización ni el control voluntario al servicio de una gestión particular. Es el gesto inverso: la entrega y la confianza en aquello de lo que estamos hechos. Ir en contra de nuestra individualidad acérrima. Escuchar lo vivo y lo innombrable, el afecto y el síntoma que habitan en nosotrxs. Saberes que nos exceden y nos desafían. Saberes necesarios para la invención de actos, pensamientos y modos de hacer la vida en común.
Contra-salud: hacer del gesto de espontaneidad, una guía. Flujo lúdico, caótico, terrible pero vital de reordenamiento de los cuerpos, las intensidades y las fuerzas del mundo. De modo tal que se habilite la improvisación, lo insurgente. Dar vida a lo que no estaba de antemano.
En el procedimiento se aloja su ética: reapropiación e invención.
Experimentar, no obedecer.
Inventar, no repetir
Jugar, no morir.
Dar lugar, no patologizar.
Un modo de habitar la angustia y el dolor, porque a veces no se puede estar de otra manera si se está cerca de lo vivo que brota.
Ser la invención. Ser lo vivo. Lo que brota. Lxs brotadxs.
Para inventar hay que imaginar. Volver al sueño como potencia de vida. Como brújula de emancipación. Usar la intuición con rigurosidad y método. Hacer de la vibración nuestro procedimiento. Lo vivo como ética. La producción de una existencia, ni tan sana ni tan normal, sino más vivible para todxs.



Contra-salud!, diré la próxima ocasión en que brinde
ResponderBorrarEntre soledades agrupadas la inhibición se sacude y las angustias se frotan vigorosamente.
Amar el síntoma es una ética necesaria.